Nuestro Lema para este Año

“Porque nuestro Dios, en su gran misericordia, nos trae de lo alto el sol de un nuevo día, para dar luz a los que viven en la más profunda oscuridad”.

Lucas 1:78-79

Reflexión Bíblica del Día

17/03/2020

Queridas hermanas, queridos hermanos,

Estamos justo a la mitad del tiempo de Cuaresma. Una cuaresma muy especial este año… Las y los invito a emplear tiempo y leer todo el relato del padecimiento y la resurrección de Jesús. ¡Qué lástima que no lo podemos hacer juntos! Porque descubriríamos que hay un sinnúmero de personas involucradas. No solamente están los de “grueso calibre”, los sumos sacerdotes, Pilatos, Judas, ejecutores en el programa de liquidación del molesto Jesús. Veríamos que hay muchos más, personas sin nombre a veces; que en medio de esas escenas de terror y muerte hay una siembra imperceptible pero real de amor y de vida. Veríamos que en estos relatos están presentes todos los tipos de personas, tal como es el ser humano hasta hoy. La riqueza de la Biblia siempre está en los detalles. Como en el caso del “hombre con el cántaro”.

“Cuando entren ustedes en la ciudad, encontrarán a un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo hasta la casa donde entre, y digan al dueño de la casa: “El Maestro pregunta: ¿Cuál es el cuarto donde voy a comer con mis discípulos la cena de Pascua?” (Lucas 22:10)

Se nota que Jesús -a escondidas- ya había tomado medidas para conseguir un lugar donde celebrar la última cena con sus amigos. Envió a Pedro y Juan a la ciudad para que buscaran “a un hombre que lleva un cántaro de agua”. Buscar agua del pozo era tarea de las mujeres. Un hombre que lleva un cántaro con agua era algo tan llamativo y tan fácil de distinguir, como un hombre que entra al teatro Colón en bermudas, remera y ojotas. “Llevar el cántaro”, esa era una señal arreglada de antemano entre Jesús y un amigo.

Ese hombre con el cántaro, ¿quién era? Ni idea. ¿Cuándo lo contactó Jesús? No lo sé. Lo que se puede pensar es que ese desconocido no era un desconocido para Jesús. Eran pocos los hombres y las mujeres que caminaban con Jesús, de ciudad en ciudad, abandonándolo todo, sus hogares y relaciones. ¿Y los otros, las otras? ¿Las multitudes que lo escuchaban y creyeron en él? ¡No hubo una migración interna! Muchas y muchos seguramente aceptaron su mensaje con fe y de todo corazón, pero volvieron a sus hogares, labraban la tierra, trabajaban de artesanos y comerciantes, viviendo la Vida Nueva en ese lugar donde les tocaba. Seguramente este hombre con el cántaro era un creyente que vivía su fe en Jesús allí donde le tocaba. Y es allí donde Jesús lo convoca cuando lo necesita.

Jesús no improvisa. Una vez más, Jesús no dejó las cosas hasta último momento: hizo sus planes mucho antes. Él tampoco anda a los tumbos respecto de nuestras vidas, no improvisa nada, ni deja nada a merced de la casualidad. Y si bien a veces puede parecer que nos deja pataleando en el aire, desde mucho antes ya viene preparando las cosas. Quién sabe con qué amigo suyo ya hizo sus arreglos y acordaron una señal para -en el momento justo- aparecer, como el hombre con el  cántaro de agua. ¡Seguramente en este mismo momento está preparando alguna salida de la situación que te tiene atrapado!

Deseo también que cada una, cada uno de nosotros pudiera ser como ese hombre con el cántaro: viviendo la Vida Nueva en el lugar donde nos toca y dejándonos convocar cuando Jesús necesita de nosotros.

Les deseo un bendecido tiempo de Cuaresma, contenidos y sostenidos por las manos del Padre Celestial - en medio de todo lo incierto y los temores.

Pastora Karin Krug